|
Los enólogos catalanes realizaron, el pasado mes de abril,
un viaje técnico a las zonas vitivinícolas más importantes
de Portugal, un país en el que conviven grandes tradiciones
enológicas, como los vinos de Porto, productos de gran consumo,
como los rosé y elaboraciones de futuro, como los vinos de
Alentejo.

El viaje fue organizado por la Asociación Catalana de Enólogos y
contó con una significativa representación del personal de Decavi.
El punto de partida de la visita fue Lisboa, una capital moderna y
cosmopolita, dominada por el río Tajo. A poca distancia de Lisboa se
encuentra la zona vitivinícola que corresponde a la DO Alentejo, una
nueva propuesta enológica, en la que sus vinos se están ganando de forma
merecida los mercados internacionales. Las visitas a las bodegas Joao
Portugal Ramos y José Maria da Fonseca, elaboradores de vinos del Alentejo
fue una experiencia provechosa y enriquecedora para los asistentes
interesados por las novedades. En estas última bodegas nos recibió el
propietario y enólogo Domingos Soares Franco. Su carácter innovador y
riguroso, por un lado, y las instalaciones de la bodega, por otro,
evidenciaron el motivo del éxito: equipos con las últimas incorporaciones
tecnológicas, control y modelización del proceso, conservación de métodos tradicionales de elaboración y búsqueda de aportaciones de carácter propio. Una equilibrada política de variedades, que mezcla la promoción de las variedades autóctonas y la complementación con las cosmopolitas, consiguiendo el singular perfil sensorial de sus vinos. Las variedades más utilizadas en el Alentejo son: aragonés, trincadeira, syrah y cabernet sauvignon.
Al final de un viaje a través de autopistas flanqueadas por
inacabables bosques de alcornoques, moteados de eucaliptos y pinos,
se llegaba a Porto, la capital del norte, industrial y culta, donde
realizamos una visita en la zona vitivinícola de los vinos de porto,
situada a un centenar de kilómetros de la ciudad que las denomina. Las
viñas de esta DO están situadas en los laderas que forman les paredes
del valle del río Douro, unas cuestas de gran pendiente, donde la
inclinación no permite que en los bancales quepa más que una hilera
de cepas. Es un paisaje monumental, totalmente modelado por el esfuerzo
del hombre, que ha conseguido rellenar decenas de kilómetros de valle
con viñas, y en medio aparecen las bodegas elaboradoras, construcciones
generalmente pequeñas y compactas, con paredes blancas que contrastan con
los tonos rojizos y ocres de los esquistos que componen la geología del
valle.
La finca Quinta Nova de Nossa Senhora do Carmo, objetivo de la visita enológica, rodeada de viñas en riscos, es donde nacen algunos de los portos más célebres, que se comercializan con la marca Burmester. En la actualidad es una propiedad que pertenece al grupo Amorim, conocido como líder indiscutible en el mercado de la fabricación de tapones de corcho y otros materiales realizados con esta materia forestal.
El nombre de los vinos de Porto, sin embargo, no es un capricho, ya que los vinos elaborados en las bodegas de la zona bajaban en falúas hasta el puerto fluvial de la ciudad y ahí reposaban hasta embarcar rumbo a todas les destinaciones del planeta.
Además de la visita a les zonas vitivinícolas, los enólogos visitaron las instalaciones de recogida, tratamiento y manufactura de tapones de corcho que el grupo Amorim posee, tanto en Coruche, cerca de Lisboa, como en Mozelos, en la zona de Porto. En estas últimas instalaciones los enólogos catalanes pudieron visitar las instalaciones donde se realiza el tratamiento del corcho, conocido como sistema ROSA, que permite eliminar hasta un 75 % del TCA que soporta. Se trata de un sistema diseñado por el centro de investigación y desarrollo de Amorim y que pretende dar una respuesta definitiva a los problemas que el tricloroanisol produce en el vi.
El viaje tuvo también su vertiente cultural, integrada principalmente
por los paisajes fluviales del país, en los que la presencia de dos
grandes ríos (Tajo y Douro) marca de manera inconfundible su carácter.
La comida, una de las delicias portuguesas, fue la sorpresa omnipresente
de los visitantes, que tuvieron la oportunidad de pasear por entre los
monumentos de las dos grandes ciudades del país, Lisboa y Porto, de anchas avenidas y calles empinadas, donde sorprenden ascensores multitudinarios y tranvías románticos.
En definitiva, un viaje lleno de color y buenas sensaciones enológicas.
|